La verdad es que mi diagnóstico no fue nada fácil, ya que el cáncer estuvo enmascarado por una leishmaniosis que contraje unos meses antes (si, también he tenido leishmaniosis, no hay enfermedad en este mundo que yo no haya tenido, en un próximo post os contare como conseguí superar esta enfermedad). Bueno, a lo que íbamos que uno de los síntomas de la leishmaniosis es la inflamación de los ganglios linfáticos. Comenzaron por inflamarse los ganglios mamarios, luego los de la garganta y por último los de las patas traseras, llegaron a tener más de 10 veces su tamaño normal.
Cuando acabé mi tratamiento para la leishmania mi veterinario se extrañó que los ganglios no se hubiesen desinflado, así que decidimos esperar un par de días a ver que pasaba.
Y pasó algo: al tercer día mi abdomen empezó a inflamarse de tal manera que mirando desde arriba me asomaba por los dos costados, parecía que estuviese embaraza.
Inmediatamente mi dueña llamó al veterinario y éste le pidió que me tocara y le dijese si mi abdomen estaba duro, contestó que si, y nos derivó al hospital veterinario mas cercano.
Ya en el hospital veterinario de Granada lo vieron claro, Cáncer linfático (salgo de Guatemala y me meto en Guatepeor).
Para estar seguros me hicieron una biopsia pero los resultados tardarían una semana (si puedo otro día la escaneo y la subo). El veterinario le habló a mi dueña de la quimioterapia, y nos aconsejo que empezáramos ese mismo día aunque no tuviésemos los resultados de la biopsia, porque así adelantaríamos una semana de tratamiento.
Nos habló muy claro: SIN tratamiento la esperanza de vida es de 3-4 meses como mucho, CON quimioterapia puedes alargarle la vida 1 año o 1 año y medio.
Nos habló del protocolo y por supuesto de dinero.
Después de pensarlo un rato decidimos probar el tratamiento un par de semanas, total no tenia nada que perder, si no me convencía solo tenia que suspender el tratamiento.